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    January 15

    B-side

    Mis ojos se transparentan, la luz los abandona, una nostalgia incansable no los deja descansar, se mojan dolorosamente pero tampoco eso los alivia. Anhelo el reposo más que otras cualidades, más que la envidia o la esperanza; deseo la indiferencia, el abandono, el dulce olvido.

    ¿De qué me sirven estos ojos que miran lo evidente? ¿De qué me sirve el paraíso si está tan lejos?

    Inalcanzable aroma que persigo a dentelladas debajo de este infierno... quisiera perderte para siempre.
    January 12

    Siete

    Rutinas, martilleando mi cabeza como un pájaro azul dentro de una jaula de papel, con un pico de tinta verde, salpicando los barrotes, revoloteando con sus alas de madera de aquí para allá, incesante. Seguí mis ruinas como otras noches, a través de todos los astros, perseguí las migas de mi existencia para encontrarme frente al espejismo del tiempo que me quedaba, asfixiándome. Me detuve una eternidad en la contemplación de mi ocaso que se imponía sobre la illusion de felicidad cotidiana, simple. De reojo atrapé algún segundo que pasó lo suficientemente cerca como para llevarme sobre su lomo de espinas, lejos de mi egoísmo involuntario. Alli, con la fuerza suficiente, a pasos cortos y sin dudar logré aniquilarme hasta abrir los ojos sedientos. Entonces la puerta se abrió como todas las noches y detrás de ella encontré mi salvación… en tu espalda.

    Mariposa

    La mariposa y sus alas de colores perfectos yacían sobre el asfalto seco que la abrazaba con su inhumanidad, con una maquinaria que se engañaba con la brevedad del momento. Supe de inmediato que moría y que seríamos compañeras en una agonía instantánea. La observé un rato y me convertí en ella por uno de esos azares conectivos tan comúnes, como fui pez y león, hoy era mariposa moribunda.

     

    Súbitamente me comprendí efímera y volví a mi propia existencia sentada en la banca de un parque, impotente ante la perspectiva más humana: la destrucción de la vida. Entonces sentí la mirada de la mariposa, consciente de mis pensamientos, bastó un instante de pleno entendimiento entre las dos. Con sus últimas fuerzas emprendió un vuelo final que la llevó más lejos de mi horizonte, entonces me levanté y caminé hacia la calle, siguiendo el rumbo de mi propia muerte.

    Seis

    Estaba mirando al cielo cuando te me acercaste ligera y ansiosa como espuma de mar, tocando al mismo tiempo mi piel y mis entrañas. El doloroso placer me cegó por instantes para alejarme de algún sueño no percibido hasta entonces.

    La soledad errante y misteriosa que había esculpido mi corazón de roca soltó una lágrima sobre aquello que ya entonces me servía de lápida y me aplastaba incesante con toda la carga de los goces.

    Salí moribunda de tus brazos y alcancé a tocar el rayo de sol que me habías arrebatado, pero soñaba todavía con tu aroma y las caricias de nostalgia de aquellas noches sin luna. Ahora como antes abro mis ojos pero después de ti ya sólo puedo mirar mi sombra.

    Cinco

    Musa, brisa, latir de corazón abierto; franca, fuerte como paloma, te sentí acercarte desde lejos por tu risa que hacía eco solamente a mis oídos. Te reconocí entre las multitudes falsas y conformes con mi entrega a medias, con los ojos cerrados y la lengua muda. En cambio tú me sientes en toda mi magnitud errante y melancólica de viejo misántropo, del Fausto decadente, me sientes así, en plenitud y locura, en tristeza y en enojos. Después de todo el mundo es así, decepcionante, por algo nos expulsamos del paraíso en parejas, porque ningún lugar era soportable. Después de todo me había cansado mucho antes de percibir tu aroma elíxir. Después de todo mi vida ya había terminado sin notificación ni gloria… después de todo ya estaba escrito que yo renacería en tus labios.

    Cuatro

    Te amo, retoño de una flor desconocida, cuando apareces sobre mi pecho en los atardeceres, cada vez más constante, y te vuelves parte de mi cuerpo con la capacidad de matarme o hacerme más fuerte.

    Te amo después, cuando abres los ojos, capullo de flor no existente, y permaneces a mi lado aunque ya no me necesites, fuerte y libre, ajena a las promesas firmes de árboles caídos.

    Te amo todavía más cuando floreces y tu cuerpo ya es totalmente mío, esa otra entidad alucinada, reconocida, salvaje y ruidosa me pertenece de alguna forma sin que tú lo sepas ni yo lo adivine, sin atrevernos a confirmarlo mas que con hechos.

    Te amo, por último, cuando te marchitas y tu espalda se descarapela y mueres en las madrugadas de mis besos tibios, sin estar consciente del tiempo que nos rodea.

    Te amo porque naces y mueres el mismo día, porque yo también muero cuando te extingues entre mis brazos enamorados, porque permanecemos muertas y nos perdemos hasta el amanecer, hasta la próxima vez, cuando desnuda, brotas como retoño sobre mi pecho.